El peso de lo livianoLa soledad es un silencio repleto de palabras.2009-04-29T13:17:56+00:00
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Moda y Bellezathe-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thingEl peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2009/04/29/el-baobab-del-amor-final-maishaEl baobab del amor (Final de Maisha)2009-04-29T13:17:56+00:002009-06-21T19:25:09+00:00
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">El destino le proporcionó dos sorpresas en un corto espacio de tiempo. La primera de ellas muy agradable, hacía poco más de dos meses fue nombrada para el ejercicio de su actual cargo. La segunda, fatalmente trágica para su vida, su marido perdía la vida en accidente de tráfico. Hoy estaba incinerando su cuerpo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">La presencia de esa bella mujer en aquel acto luctuoso había levantado mucha expectación entre los distintos medios de comunicación. Rodeada de guardias de seguridad y entre destellos de flashes, abandonaba el recinto. Bajo el brazo derecho destacaba la presencia de una urna de metal. Los fotógrafos más avezados, debieron captar la triste imagen de un torrente de lágrimas corriendo por sus mejillas y que después serían comercializadas como pago del dolor al mejor postor.</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">La bella mujer se llamaba Gabriela y trabajaba para la ONU como Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Ella, sola y abrumada por tanta burocracia, pidió a su marido que la visitara, que le necesitaba a su lado. En ese inesperado viaje le sobrevino el desgraciado accidente. Se tomó unos días de descanso para viajar al domicilio de su familia en la República de Senegal, y allí, esparcirían las cenizas de su amado esposo en el lugar por él indicado…</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">… mientras viajaba, los recuerdos de infancia acudieron -impetuosos- a su mente. Se recostó sobre el asiento, cerró los ojos y dejó en libertad sus pensamientos. El primero de ellos le provocó un daño inmenso… desmedido. Recordó cuando sus padres fueron decapitados en una de las innumerables batallas exterminadoras que la guerrilla congoleña realizaba en la zona dónde ellos vivían como cooperantes. </span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">Gabriela tenía ocho años y tuvo que callar un grito de dolor por temor a ser oída por aquéllos salvajes. Ella se escondió entre cuerpos inertes que fueron pasados por las armas de la forma más vil y repugnante. El contacto de una mano golpeándole el hombro le hizo desconectar de sus recuerdos. ¡Aterrizamos en Dakar en diez minutos! –le dijeron- Gracias, respondió ella.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">Gabriela recompuso su gesto, se colocó el cinturón de seguridad y minutos después aterrizaba. A bordo de un automóvil -con su chófer habitual- siguió el camino. Abrió su maletín, y del interior de un sobre, sacó unas cuantas fotografías. Vio una foto de ella junto a sus padres meses antes de que fueran asesinados. Había otra foto con su hermana donde destacaba, sobremanera, el contraste del color de su piel y de sus cabellos. La evocación de recuerdos hizo que su mirada languideciera. Sus vidas nunca fueron fáciles pero siempre estuvieron rodeadas del amor de todos hacia todos y, a pesar de las adversidades, su convivencia, siempre compartida, resultó muy agradable. Las hermanas fueron educadas en el respeto y ayuda constante al prójimo, en la solidaridad practicada con el ejemplo, en su lucha persistente contra las injusticias. Sus padres, es decir, sus segundos padres, nunca le hicieron sentir su condición de hija adoptiva. Trataban a las niñas sin distinción y, puesto que ambas eran casi de la misma edad, su educación y preparación cultural fueron simultáneas. Gabriela siempre supo que su hermana estaba mucho mejor preparada para la realización del cargo que ella desempeñaba, no obstante, fue ella la que la instruyó con denodada paciencia hasta conseguir su objetivo; la preparación política de Gabriela para intentar, desde altas cotas de poder, luchar contra las desigualdades. Se lo debía a sus padres… y ella nunca se negó.</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">… Gabriela, que miraba a través de la ventanilla, comenzó a divisar el delta del río Saloum. Comunicó al chófer un recorrido alternativo para evitar el paso por el centro del pueblo, un pueblo de pescadores dónde el turismo estaba tomando un auge insospechado. Cuando pasaron cerca del Hotel Niominka, Gabriela giró bruscamente la cabeza y ordenó parar el automóvil. Se bajó, se acercó -con la risa dibujada en sus labios- a unas personas que charlaban animadamente, pero comprobó que estaba en un error. Había creído ver a su hermana entre aquella gente. No tenía la menor importancia, al menos, ya estaban en Dionewar… y ella lo sabía bien, el latir de su corazón y el olor a naturaleza salvaje lo delataba. Allí, el tiempo, las obligaciones y las necesidades tomaban otra dimensión.</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">El automóvil entró por un sendero de tierra cubierto de vegetación a ambos lados. Al fondo se veía la casa, y en una especie de porche, la figura inequívoca de una mujer; su hermana, ataviada con ropas vaporosas propias del lugar. Se fundieron en un fuerte y sincero abrazo y sus lágrimas de alegría se mezclaron. Después pasaron al interior…</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">En un butacón de mimbre, con vistas a los meandros del río Saloum, se sentaba Mateo…; su padre. Andaba rozando los setenta años y estaba impedido de ambas piernas como consecuencia del aterrador castigo recibido y que provocó el éxodo familiar a Senegal. A su lado, su esposa, Maisha… su madre, que aún retenía en sus ojos el brillo de antaño y que contrastaba con el color cano de su abundante cabello. El reencuentro estuvo cargado de gran emotividad. Pasaron unas horas de intensa conversación en la que los recuerdos del pasado se mezclaban con el presente y los planes de futuro. Pero allí se equivocaban. Maisha estaba gravemente enferma y desahuciada por los médicos. Padecía del corazón, un corazón roto en demasiadas ocasiones. Después de cenar, las hermanas salieron a compartir confidencias, una de ellas, un preciado regalo que Gabriela recibió de su marido antes de morir; su embarazo. Antes de irse a dormir planificaron la hora y el sitio exacto donde esparcir sus cenizas. Esa noche, Gabriela tomó una decisión importante: no abandonaría Dionewar ni a su única familia.</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">Pasaron tres meses y Maisha (cuyo estado de salud había empeorado considerablemente) solicitó a sus hijas una última visita a “su árbol”, al árbol dónde compartió con su marido horas de felicidad plena. Gabriela y su hermana aceptaron. Al atardecer, las tres mujeres estaban sentadas bajo el baobab gigante que Maisha considerada suyo… se respiraba una paz envidiable. Las mujeres, con sus manos entrelazadas, se miraban con dulzura y amor; todas callaron, todas intuyeron que aquello era el principio del fin.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">A la mañana siguiente, Maisha amaneció muerta. Su cara no denotaba el menor atisbo de sufrimiento sino más bien de dulzura. Mateo, entre lágrimas, sostenía la cabeza sobre su regazo… y le acariciaba su tez fría y mortecina… y su cabello cano… y depositaba en sus labios un beso sellado entre sus dedos… y le prometía que muy pronto le acompañaría en su viaje al más allá… que él no resistiría la vida sin su presencia…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 16.8pt; vertical-align: top;"><span style="font-size: 12pt; color: #666666;">Y así fue. Mateo falleció pocas semanas después… la tristeza por la ausencia del ser amado le ayudó a morir. Antes de hacerlo, como si él hubiera escogido el día, recordó por última vez a Maisha, su gran y único amor, aquella mujer de hermosos ojos negros… inmensos… bellos… con un precioso pelo trenzado… y que tanto amor, paz y sosiego llevó a su vida.</span></p>
El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/12/02/unidos-el-dolorUnidos en el dolor…2008-12-02T10:51:16+00:002009-04-28T22:07:08+00:00
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<p> <IMG class=imgizqda height=287 src="http://www.librodearena.com/myfiles/elpesodeloliviano/desnudo.jpg" width=170></p>
<p> Abrió el balcón de par en par. Se asomó completamente desnudo y miró al cielo, se persignó… y echó a llorar. Mateo era un hombre joven, de 28 años, que tenía en su soledad el mayor de los sufrimientos. No aguantaba tanto dolor. No podía soportar ni la amargura ni la tristeza que le causaba el hecho de “ser distinto”… y serlo, en una sociedad etiquetadora de personas, sin embargo, su aspecto físico le tenía condenado a ser tratado como un apestado.</p>
<p> A los 14 años le diagnosticaron un cáncer facial. A pesar de la premura, no pudieron evitar que se le extendiera al 80% de su rostro. Recibió tratamiento oncológico basado en radio y quimioterapia. Llevaba 5 intervenciones de cirugía plástica, pero su cáncer estaba muy extendido. Los médicos le aconsejaron una última intervención; su última oportunidad.</p>
<p> Mateo estaba extremadamente nervioso. Cuando abrió el balcón, pensó en abandonarlo todo y dejarse caer. ¡Un final rápido! suplicaba… pero en su interior, una fuerza extraña, removía unas enormes ganas de vivir, algo que entraba en contradicción con sus peores pensamientos. Recordó a sus padres, ya muertos, que siempre le educaron en la constancia, en el esfuerzo denodado y el padecimiento que provoca la adversidad, pero sobre todo, en sacar las fuerzas suficientes para combatirlas. Cerró el balcón… se tumbó en el sofá… y se quedó dormido…</p>
<p> …despertó a las 6 de la madrugada. Hizo una pequeña maleta, comprobó el pasaje de avión que le conduciría a Austria y esperó el momento de su marcha.</p>
<p> Quince días después, los doctores descubrieron las vendas que tapaba su rostro. Fue un momento lento, ceremonioso. Mateo estaba sentado en un sillón, esperando impaciente el momento en que le acercaran el espejo… un espejo que reflejaría definitivamente su destino; tocar por primera vez el cielo o caer definitivamente en el infierno.</p>
<p> La última venda cayó en la bandeja. Mateo abrió sus ojos cegados durante quince días y al instante comenzó a ver destellos, primero sombras y después la imagen nítida y clara de los cuatro doctores que le rodeaban y le observaban. Por fin pusieron el espejo en sus manos. Lo alzó, y al verse reflejado en él, supo que algo distinto había pasado en aquella ocasión.</p>
<p> Mateo, a partir de ese día, fue un hombre distinto. Y distinta sería su vida. Y distinto su destino. No pudo integrarse en una sociedad dónde fue repudiado simplemente por su aspecto físico. Decidió romper los pocos lazos que aún le unían y se embarcó en una labor profesional encomiable. Partió en labores humanitarias a un rincón del África. Allí encontró la paz y el sosiego necesarios. Y el amor… su primer y único amor. Una mujer acostumbrada desde pequeña al dolor. Una mujer marcada por el zarpazo de la injusticia social. Una bella mujer de hermosos ojos negros… inmensos… bellos… con un precioso pelo trenzado. Su nombre; Maisha…
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El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/28/maishaMaisha…2008-11-28T13:27:14+00:002008-11-28T16:23:39+00:00
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT size=3><FONT color=#000000><FONT face=Calibri><SPAN style="mso-spacerun: yes"><IMG class=imgizqda style="WIDTH: 253px; HEIGHT: 199px" height=224 src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/elpesodeloliviano/Maisha.jpg" width=283> </SPAN><v:shapetype id=_x0000_t75 stroked="f" filled="f" path="m@4@5l@4@11@9@11@9@5xe" o:preferrelative="t" o:spt="75" coordsize="21600,21600"><v:stroke joinstyle="miter"></v:stroke><v:formulas><v:f eqn="if lineDrawn pixelLineWidth 0"></v:f><v:f eqn="sum @0 1 0"></v:f><v:f eqn="sum 0 0 @1"></v:f><v:f eqn="prod @2 1 2"></v:f><v:f eqn="prod @3 21600 pixelWidth"></v:f><v:f eqn="prod @3 21600 pixelHeight"></v:f><v:f eqn="sum @0 0 1"></v:f><v:f eqn="prod @6 1 2"></v:f><v:f eqn="prod @7 21600 pixelWidth"></v:f><v:f eqn="sum @8 21600 0"></v:f><v:f eqn="prod @7 21600 pixelHeight"></v:f><v:f eqn="sum @10 21600 0"></v:f></v:formulas><v:path o:connecttype="rect" gradientshapeok="t" o:extrusionok="f"></v:path><o:lock aspectratio="t" v:ext="edit"></o:lock></v:shapetype><v:shape id=_x0000_i1025 style="WIDTH: 282.75pt; HEIGHT: 224.25pt" type="#_x0000_t75"><v:imagedata o:title="Maisha" src="file:///C:\DOCUME~1\Usuario\CONFIG~1\Temp\msohtmlclip1\01\clip_image001.jpg"></v:imagedata></v:shape></FONT></FONT></FONT><br />
<FONT face=Calibri color=#000000 size=3>El cayuco dejaba una estela lenta, zigzagueante. Iba a la deriva, a capricho del oleaje. En su interior se percibía un olor nauseabundo provocado por la suciedad y las necesidades fisiológicas de más de 40 personas. Su travesía por la supervivencia había comenzado hacía 7 días. La desesperación, el miedo, el hambre y la sed se reflejaban en sus negras caras…</FONT><br />
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<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><o:p><FONT face=Calibri color=#000000 size=3></FONT></o:p></p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3>… Maisha tenía 8 años y se acurrucaba en el regazo de su madre buscando amparo y algo de calor. Su padre, mientras tanto, le acariciaba su precioso pelo trenzado. En la oscuridad de la noche, destacaba la luminosidad de los ojos de la pequeña Maisha. Eran negros… inmensos… bellos… que contrastaban con sus deteriorados y gruesos labios agrietados por la sequedad. La noche había caído y el mar estaba muy revuelto. La fragilidad de la embarcación hacía de ella un juguete en manos de unas olas poderosas. Debido a sus continuos y violentos virajes, comenzaron a caer ocupantes al mar… uno… otro… y otro… así, hasta que el cayuco terminó por naufragar.</FONT></p>
<p><o:p><FONT face=Calibri color=#000000 size=3></FONT></o:p>.</p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3>La noche se llenó de gritos desesperados y llamadas de socorro. Maisha, en constante sumergimiento, subsistía gracias a un manoteo insistente. <SPAN style="mso-spacerun: yes"></SPAN>Entre aquellas aguas heladas, buscaba el contacto con sus padres, pero lo único que encontró fueron cuerpos inertes a su alrededor que aún no habían sido tragados por aquella inmensidad de agua salada. De pronto, sus pequeñas manos sintieron el contacto con una madera a la que se asió con todas sus fuerzas. Apoyó su cabeza sobre ella y comenzó a rezar… pasados unos minutos, su voz callada y el rugido de las olas, serían los únicos sonidos que escucharía en aquella fría noche…</FONT></p>
<p>.</p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3>… la alborada trajo luz a la soledad de Maisha. <SPAN style="mso-spacerun: yes"></SPAN>Luz… pero ninguna claridad, ninguna esperanza. Lo había perdido todo, todo menos su vida. Su nombre,<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>en africano, significaba justamente eso, “vida”… y ya ni siquiera se aferraba a ella.</FONT><br />
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<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3></FONT> </p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3>El atardecer amenazaba de nuevo. Las sombras volverían a tornarse en tinieblas e incertidumbre. La joven Maisha notaba como sus brazos y piernas padecían anquilosamiento. Bebía agua salada para calmar su sed pero le provocaba vómitos que agravaban su deteriorado estado de deshidratación. Ya no se abrazaba a aquella tabla de salvación con la misma fuerza ni con la misma fe. Estaba exhausta… </FONT></p>
<p><o:p><FONT face=Calibri color=#000000 size=3></FONT></o:p>.</p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3></FONT> </p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3>… el rugido de motores acercándose fue lo último que Maisha escuchó. Sus ojos adquirieron por un momento su brillo habitual… después, su pequeño cuerpo se desvaneció.</FONT></p>
<p><o:p><FONT face=Calibri color=#000000 size=3></FONT></o:p>.</p>
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify">
<P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><FONT face=Calibri color=#000000 size=3>La suave y cálida voz de su hija le hizo desconectar de aquel trágico y horrible suceso. ¡Mamá! ¿Qué pasó con los abuelos? Los ojos de Maisha se inundaron de lágrimas. Perecieron hija mía. Todos perecieron. El mar se adueñó de sus cuerpos y nunca los devolvió. Yo soy la única superviviente. Maisha se puso de pie, besó a su hija y se fundieron en un reconfortante abrazo…</FONT></p>
</P></P></P></P></P></P></P></P></P></P></P></P></P>
El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/25/maldita-conmemoracionMaldita conmemoración...2008-11-25T10:32:25+00:002008-11-25T18:40:27+00:00
<H3 style="MARGIN: 12pt 0cm 3pt; LINE-HEIGHT: 16.8pt"><FONT size=3><STRONG><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><IMG class=imgcen height=190 src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/elpesodeloliviano/violencia.jpg" width=283></SPAN></STRONG></FONT></H3>
<H3 style="MARGIN: 12pt 0cm 3pt; LINE-HEIGHT: 16.8pt"><FONT size=3><STRONG><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"></SPAN></STRONG></FONT> </H3>
<H3 style="MARGIN: 12pt 0cm 3pt; LINE-HEIGHT: 16.8pt"><FONT size=3><STRONG><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'">“25 de Noviembre… ¿la conmemoración de una vergüenza social?”</SPAN></STRONG><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><o:p></o:p></SPAN></FONT></H3>
<P style="LINE-HEIGHT: 16.8pt"><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><FONT size=3></FONT></SPAN> </p>
<P style="LINE-HEIGHT: 16.8pt"><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><FONT size=3>Hay veces que nuestros sentidos perciben acontecimientos antes que éstos se produzcan. Y ese fue el día. A pesar de que nuestros desencuentros eran habituales, el tono de aquella discusión me pilló desprevenida. José lanzó su puño contra mi pómulo; lo hizo con fuerza… con saña… con odio…<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<P style="LINE-HEIGHT: 16.8pt"><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><FONT size=3>El golpe me envió directamente al suelo. Y esa fue mi perdición. Al instante, una lluvia de patadas brutales impactaron sobre mi cuerpo. Pero tuve suerte; mucha suerte. No perdí la consciencia al tercer o cuarto golpe… perdí la vida.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<P style="LINE-HEIGHT: 16.8pt"><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><FONT size=3>Mi alma se transportó de mi cuerpo yacente y presencié –impávida- el resto de la encarnizada paliza que mi marido me propinaba. José tenía los ojos desencajados de sus órbitas mientras una segregación espumosa se acumulaba entre la comisura de sus labios. Pero seguía golpeando a un cuerpo indefenso… inerte… que ya ni siquiera se protegía…<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<P style="LINE-HEIGHT: 16.8pt"><SPAN style="COLOR: #666666; FONT-FAMILY: 'Trebuchet MS','sans-serif'"><FONT size=3>Esa fue mi muerte. Dolorosa. Tenía 28 años. Mis sueños e ilusiones me fueron arrebatados por una de las personas que más he querido en mi vida. Mi destino me fue anticipado. Desde aquella lúgubre tumba observaré como José, en connivencia con una justicia mal aplicada, podrá rehacer su vida. ¿Pero y yo? Ah, bien… seguiré pudriéndome…<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
</P></P></P></P></P>
El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/21/una-indisposicion-previstaUna indisposición prevista.2008-11-21T21:24:02+00:002008-11-25T16:12:08+00:00
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<p> <img class="imgizqda" src="http://www.librodearena.com/myfiles/elpesodeloliviano/ataud.gif" width="270" height="240"></p>
<p> Los hechos ocurrieron a una velocidad vertiginosa. Una mañana, el abuelo de Raúl se sintió indispuesto, lo llevaron al hospital más cercano y en el camino murió. Todas las muertes son dolorosas, incluso, las más previsibles, como ocurre en este caso. El pobre hombre arrastraba, como mejor podía, la friolera de 98 años y su viuda –con una salud de hierro- rondaba los 90. Uno de sus hijos, en concreto, el padre de Raúl, se encargó de todo el papeleo legal, encargó la misa de difuntos correspondiente y preparó el tanatorio municipal para darle al abuelo el último adiós.</p>
<p> Dada las características del difunto los familiares solicitaron a las autoridades sanitarias y a las eclesiásticas que dieran conformidad para que el hombre pudiera ser enterrado antes de las 24 horas que prescribe la ley. Pero no fue posible, se negaron. Así que, el coche mortuorio trasladaría el féretro desde el hospital al tanatorio y al día siguiente –a eso de las 12 de la mañana- lo enterrarían en el Cementerio Municipal.</p>
<p> La abuela quiso reunir a todos los familiares y celebrar un almuerzo en compañía de todos ellos. Nadie excusó su ausencia y sobre las 2 de la tarde, comenzaron a ponerse los primeros platos sobre una elegante mesa. Todos coincidían en el extraordinario apetito de la abuela, comía como una lima, y llevaba escanciado su tercer vaso de vino tinto. Después vendrían los postres y la buena señora tampoco se abstuvo. Antes de tomar el café, se sirvieron unos chupitos de orujo de hierbas para ayudar a hacer la digestión. Todos estábamos pendientes de la abuela, pero antes de que nos diéramos cuenta, tenía el chupito en sus labios. ¡Coño con la abuela! –dijo el padre de Raúl- … y todos rieron.</p>
<p> Querían llegar lo más pronto posible al tanatorio. La abuela se levantó de la silla, se dirigió a la cocina, cogió una vaso de agua y vertió la taza de café (imaginamos que para enfriarlo)… después desapareció. O eso creyeron ellos. La señora se escondía de miradas indiscretas, cogió una botella de coñac y se sirvió una generosa ración dentro del café.</p>
<p> Llegaron al tanatorio sobre las 19 horas. La noche sería muy larga y la abuela de Raúl se empeñó en realizar todo el velatorio completo. Al cabo de un par de horas, allí no cabía un alfiler. Era el mes de Enero. En el exterior hacía frío. Sin embargo, en el tanatorio, se podía estar perfectamente en bañador. Entre el calor, los olores corporales y los alientos aguardentosos… allí no había quien aguantara. La abuela estaba sentada al lado de un gran ventanal donde podía ver a su marido de cuerpo presente. ¡Qué guapo que estaba! –dijo entre dientes- Raúl se acercó a besar a su abuela, y al inclinarse, un olor fétido llegó a sus fosas nasales. ¡Hostias abuela! ¿Te has peído? ¡Yooo… que va! … y Raúl salió huyendo. Avisó a su padre del tremendo olor que había percibido, y él, como buen hijo, fue para averiguar el motivo… pero no pudo llegar… el olor, a tres metros de distancia, se hacía insoportable… habían cloacas con mejor olor… mientras tanto, el resto de familiares e invitados se replegaban hacia la puerta de salida. Pero no había escapatoria... estaban atrapados por una gran bomba de peste. O te tragabas aquél olor a mierda podrida o te congelabas en la calle. Mientras tanto, la abuela seguía con su cara pegada al cristal, mirando a su difunto marido. Quiso incorporarse de aquel mullido sillón dónde se encontraba, y al hacerlo, el olor se hizo insufrible… inaguantable… una orquesta de arcadas secas se escuchaba por todos lados. El aire acondicionado no colaboraba demasiado, se dedicaba a remover continuamente ese olor fétido… repugnante…</p>
<p> La peste se concentró tanto y durante tanto tiempo, que el exterior del tanatorio se llenó de gente ansiosa por escapar de aquel suplicio. Fue curioso ver como fumadores y ex fumadores casi se rozaban las caras. Era preferible el olor a tabaco y soportar el humo en tu cara que aquella hediondez que había salido por el culo de la abuela.</p>
<p> Ni que decir tiene que la noche se hizo eterna. Cuando amaneció, la abuela mandó a uno de sus nietos a por un papelón de churros. ¡Qué estómago el de la abuela! Pues bien, se comió solo media docena excusándose que ella, de buena mañana, nunca tenía apetito. ¡Pues menos mal! Entre el café migado con churros, una copita de coñac y un cucharada de bicarbonato se le pasó la mañana. Se fue a casa a arreglarse entre eructos y pedos silenciosos.</p>
<p> La misa se celebraba en medio de estornudos y alguna que otra risotada, sorda, pero perceptible por la mayoría de concurrentes. El cura rogó silencio y respeto en tres ocasiones. Un agradable olor a incienso inundaba la capilla. Llegó la hora de comulgar, y su posterior silencio, fue roto por una especie de ametralladora que lanzaba petardos, desde el mismísimo culo de la abuela… pedos por doquier. Nadie escuchó nunca tanto ruido consecutivo, ni siquiera en noche vieja. Pero lo espectacular aun estaba por llegar. La traca final. Un pedo sonoro que resquebrajó hasta la cal de la pared dejó paso a una riada de mierda que salía por las enaguas de la pobre mujer. Un río espeso y marrón corrió a través del banco dónde ella estaba sentada. Los presentes huían como podían, el cura no sabía qué hacer. En un intento de entrarse para la sacristía, tropezó, con tan mala suerte que lo hizo contra uno de los soportes dónde estaba alojado el féretro… éste cayó de canto al suelo… la puerta cedió al contacto con el suelo… y el pobre abuelo dio dos vueltas y media en medio de unos parroquianos que huían en bandada… el resto del entierro… que cada cual se lo imagine como le venga en ganas…</p>
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<p style="line-height: 16.8pt;"><span style="font-family: "Trebuchet MS","sans-serif"; color: rgb(102, 102, 102);">Lo sé. No hay salario que finiquite mi iniquidad para con la Iglesia actual. Y me quedo más ancho que largo. Y quién se pica… ajos come. Pero lo siento, no puedo con esta feria en la que han convertido el culto a Dios. Pido perdón –no obstante- a todos y cada una de las personas a las que ofenda. Y por si acaso, como soy algo supersticioso, rezaré dos padrenuestros y tres avemarías…. por lo que pueda pasar. Amén.<o:p></o:p></span></p>
<p style="line-height: 16.8pt;"><span style="font-family: "Trebuchet MS","sans-serif"; color: rgb(102, 102, 102);">…ese niño nunca debió nacer. Nació herido y sin posibilidades para vivir una vida normal. Sus padres, católicos, apostólicos y romanos lo bautizaron con el nombre de Jesús. Pero ellos eran cristianos… no tontos. Sabían que los milagros se agotaron en los tiempos en que el de Nazaret iba de pueblo en pueblo, alardeando de poderío, recomponiendo maquinarias defectuosas. Este hombre nació por obra y gracia del espíritu santo (que supongo sería algún método de concepción de la época), tenía por padres ¿carnales? a José El Carpintero y la Virgen María. Pero el jefe de todo el cotarro era su padre espiritual, que no era precisamente un cura sino el que por aquél entonces estaba en los cielos santificando su nombre. El mismo al que le salió el tiro por la culata con el experimento de la manzana y la serpiente. Los actores de aquella triste y rocambolesca historia fueron Adán y Eva, unos casquivanos en el fondo. Dicen que del costillar del primero nació el cuerpo despampanante de Eva, pero ¿Y él? ¿Cómo nació?; bueno, eso sería otra historia, difícil de contarla y mucho peor para entenderla. A lo que voy. ¡Qué cada palo aguante su vela! Por lo tanto, que reconozca su error y su fracaso… y si el resto de personas, creadas a su imagen y semejanza, nos quedamos sin paraíso terrenal solo fue por su culpa... por su gran culpa… por su grandísima culpa.<o:p></o:p></span></p>
<p style="line-height: 16.8pt;"><span style="font-family: "Trebuchet MS","sans-serif"; color: rgb(102, 102, 102);">A los padres de Jesús, en la revisión médica del tercer mes de gestación, les comunicaron que el suyo sería un embarazo de riesgo, que había motivos y razones suficientes para pensar que el feto sufría alteraciones físicas y patológicas graves. Y le aconsejaron el aborto. Pero hicieron oídos sordos. ¡Por Dios! ¡Ellos eran católicos! Y aceptaron el regalo envenenado que Dios le enviaba. Y nació, y cuando lo hizo, todos murieron con él. Sus padres (eso sí… las cosas como son) se dedicaron a él con total devoción… pero claro, no cayeron en un pequeño detalle… que ellos no serían eternos… ¿Mosquisss?<o:p></o:p></span></p>
<p style="line-height: 16.8pt;"><span style="font-family: "Trebuchet MS","sans-serif"; color: rgb(102, 102, 102);">… muchísimos años atrás, allá por Galilea o Judea (qué más da), el Hijo de Dios daba muestras de ser un digno hijo de su padre; ¿prepotente y vanidoso?. Después… por las juntas. ¡Tenía trasteo el niño! ¿Qué me dicen de los amigotes que tenía Jesús de Nazaret? Que en cualquier pueblo de los actuales les aplicarían la ley de vagos y maleantes. ¿Verdad? Él, cuando salía de la morada de María Magdalena, en lugar de irse a su casa como haría cualquier buen hijo de vecino, buscaba a los suyos para seguir impresionándolos. Un día, harto de ir convirtiendo el agua en vino, o de ir resucitando muertos que ya habían tenido su oportunidad en la vida, o mismamente, salvar de la lepra a la madre y a la hermana de Ben-Hur… permitió que uno de los suyos hiciera fortuna a su costa. Y se dejó entregar a las autoridades. Mal asunto, pensaron todos. Bueno, todos no, excepto Judas, que gracias a los dracmas recibidos por su traición, andaba planeando unas vacaciones en Marina D’or. ¡Pero coño! qué lo que hizo Judas, hoy en día, lo estaría juzgando Garzón en la Audiencia Nacional. Al de Nazaret lo putearon de lo lindo, eso es cierto, pero al final, las masas desbordadas y los juicios paralelos que ya estaban en auge, se salieron con la suya; lo crucificaron entre dos ladrones de pacotilla… y murió… después, se lió un tormentazo de cojones en el monte Gólgota. Al final, a los tres días, va y resucita el tío… con poderío…<o:p></o:p></span></p>
<p style="line-height: 16.8pt;"><span style="font-family: "Trebuchet MS","sans-serif"; color: rgb(102, 102, 102);">… el mismo día que Jesús cumplió los 14 años murió su padre. ¡Una faena! Pero su madre, pobre y enferma, supo descargar responsabilidades. Pero no acudió a la Conferencia Episcopal, ni al Vaticano, ni a ninguna otra institución católica por haber seguido fiel y devotamente sus consejos ¡NO! … su solución la tenía en casa, sacrificaría a su otro hijo. El hermano de Jesús se llamaba Tomás (lo siento chico, ¡te ha tocado!), tenía 33 años, la edad de Cristo… ¡toma ya! Tomás era un ateo de toma pan y moja, soltero y onanista confeso, y tuvo que pagar las consecuencias religiosas de sus padres.<o:p></o:p></span></p>
<p style="line-height: 16.8pt;"><span style="font-family: "Trebuchet MS","sans-serif"; color: rgb(102, 102, 102);">Algunos pensaran que este relato histriónico no tiene sentido. No les faltará razón. Igual me pasó a mí cuando leí “Las Sagradas Escrituras”.<o:p></o:p></span></p>
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El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/17/suenosSueños...2008-11-17T17:12:43+00:002008-11-25T18:44:34+00:00
<p>Antonio se despertó muy inquieto ese domingo. Con dudas. Necesitaba aclarar sentimientos y emociones. Miró a su esposa y comprendió que el amor anidaba en su corazón. Dirigió la mirada hacia su hija y sintió la ternura, el cariño, la fe y la esperanza puestos en aquel cuerpecito de apenas cinco meses de vida. Todos ellos gozaban de salud, una buena economía y una maravillosa armonía llena de buenas vibraciones. Entonces ¿Por qué tanto desconsuelo en su alma?</p>
<p>Se despidió de su mujer, besó a su hija que aún dormía… y se marchó. Al entrar al garaje, comprobó que uno de sus ansiados sueños materiales también estaba allí, en forma de automóvil todo terreno, un extraordinario AUDI recién matriculado. Introdujo las llaves, arrancó… y salió a toda marcha hacia un lugar indeterminado...</p>
<p>...al cabo de dos horas, se encontraba en la cima de una alta montaña. Sentado, con los pies colgándole sobre un enorme y mareante precipicio. Antonio estaba inusualmente sereno. Meditaba sobre la vida y la muerte. De ambos tenía certeza y constancia. La vida de su hijita llenó un vacío emocional de 15 años de ansiosa espera; por contrario, desde hacía un mes, la muerte de su padre, en trágicas circunstancias, descompensó toda su existencia.</p>
<p>Antonio se puso en pie… miró al fondo del precipicio… extendió sus brazos… y saltó al vacío. En ese momento se dio cuenta de todo. Comprendió que no era el nacer o morir lo que le entristecía… sino que en el camino había perdido algo sustancial que tiene la vida… los sueños… y comenzó a hacerlo... comenzó a soñar... y lo hizo a una endiablada velocidad… y soñó con tener alas… y dos poderosas alas surgieron de sus brazos… y soñó que soñaba… y soñó que volaba… y soñó que vivía… y comprendió definitivamente… que pase lo que pase… ¡Sí se puede vivir soñando!</p>
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<p>A GEMA...</p>
El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/14/la-inclusa-madridLa Inclusa de Madrid.2008-11-14T13:42:45+00:002008-11-14T19:49:02+00:00
<p class="large"><span class="font-georgia"><img class="imgcen" src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/elpesodeloliviano/inclusa.jpg" alt="" /></span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">La vida es muy complicada para vivirla, está llena de insatisfacciones, frustraciones, soledades, desengaños y algún que otro acontecer agradable. Recuerdo un dicho popular que decía: "Preocúpate en buscar alegrías que las penas vienen solas y sin llamar" o algo así. Esta introducción me sirve para contarles la historia de Miguel, un hombre que nació para sufrir. Lean con atención.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">En el año 1959 se recibió en "La Inclusa" de Madrid, a través de su torno, un cesto con un varón recién nacido que había sido abandonado. Era el 29 de septiembre, festividad de San Miguel. No es difícil adivinar, por lo tanto, el origen del nombre de mi protagonista. Alguien denominó "La Inclusa" como una especie de "necrópolis infantiles"... y no creo que le faltara razón. Pero no me quiero desviar del tema entrando en detalles, así que me ceñiré a mi historia, que no es otra que la vida de Miguel.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">A la semana de su acogida ya se temió por su vida. Ante la escasez y calidad del alimento el niño pasó a ser alimentado por una de las muchas nodrizas con las que contaba La Inclusa. Y lo superó. Pasados unos meses el bebé tenía un aspecto saludable. La Madre Luisa le visitaba todos los días, lo cogía entre sus brazos, lo alimentaba y lo dormía. Se había encariñado mucho con aquél niño de aspecto saludable pero que llevaba dibujado en su rostro la tristeza. Nunca le faltó a Miguel la caricia de la Madre Luisa, nunca, pero un día, una terrible enfermedad se la llevó definitivamente. Por entonces Miguel debía tener 5 o 6 años.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Los expedientes de adopción se tramitaban a cuentagotas. Aún así, Miguel pasó a formar parte de esos elegidos... de los afortunados. O esa creía él.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">En el año 1974 su padre adoptivo lo mandó a cultivar la tierra. Le entregó un apero de labranza, una mula vieja... y poco más. Pero aquellas tierras eran incultivables, aquello era un pedregal. Habitaba en solitario una casucha donde entraba el frio, la lluvia y el calor por todos sus rincones. Descansaba sobre un camastro destartalado con un colchón infesto, mantas roñosas y sábanas ásperas y zurcidas que le eran cambiadas mensualmente. Aún así, Miguel, con tan solo 15 años, hacía su trabajo lo mejor que podía. Su padre adoptivo le visitaba para entregarle víveres y mostrarle -siempre- su descontento. Insistía en que debía esforzarse mucho más, y que si conseguía su objetivo, sería recompensado económicamente.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Miguel trabajaba de sol a sol. Estaba exhausto, pero su trabajo estaba dando resultados. A pesar de leer con dificultad, había encontrado en los libros el amigo que nunca tuvo, la chica a la que nunca besó. Por las noches, se recostaba en el camastro... y a la luz de un candil... leía... y soñaba despierto... imaginando una vida paralela a la suya.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">A finales del año 1975 su vida cambió de repente. Su padre adoptivo lloraba la muerte del dictador y amenazaba a Miguel con la teoría de unos tiempos convulsos. Cuando visitaron el pedregal, Miguel vio en el rostro de su padre una sonrisa de agrado. Su primera sonrisa. Se volvieron a la casucha y le entregó una talega de tela basta con algo abultado en su interior. Ten, esto es tuyo -le dijo- todo trabajo tiene su recompensa.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Cuando Miguel quedó solo, la abrió. En su interior había 25.000 pesetas, dos libros, dos paquetes de Ducados y la foto de una mujer. Le dio la vuelta y leyó: "Esta es tu madre, se llama Mercedes Expósito y aún vive" Su corazón ni siquiera se estremeció. Cogió uno de los libros, encendió su primer cigarrillo y empezó a leer.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">A la mañana siguiente veía las cosas de otra manera. Le surgieron deseos de conocer a aquella mujer, su madre, solo por la necesidad de unir lazos de amistad y cariño con alguna persona. Su soledad le estaba haciendo demasiado daño. Ya no le bastaba con entender aquello que leía, en su interior crecían nuevas inquietudes, quería amar y ser amado, quería sentir y ser sentido, deseaba llorar y reír... pero hacerlo en compañía de alguien.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Llegó a un acuerdo con su padre. Plantaría árboles frutales, los cuidaría, recogería su cosecha y después se marcharía a la capital. Y todo pasó así... pero también pasaron 6 larguísimos años...</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">A finales del mes de noviembre de 1981 su trabajo concluyó. Por la noche abrió una especie de baúl pequeño que su padre adoptivo le entregó a modo de finiquito. Había dinero, mucho dinero. Cuatro libros y una radio. También había objetos personales que no identificaba. Al fondo había un sobre manuscrito dirigido a Miguel. Lo abrió, leyó la carta con tranquilidad y la volvió a guardar en el sobre. Se entristeció tanto que no pudo evitar que unas lágrimas cayeran sobre su propio nombre impreso... la tinta empezó a emborronarse... hasta que quedó completamente desdibujada...</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Esa noche fue muy larga, apenas pudo conciliar el más leve sueño. La amargura, el dolor, la tristeza y su futuro le provocaban una ansiedad terrible. Le atenazaba un fuerte dolor en su pecho y su corazón. Sentía como un frio helado corría a través de su cuerpo. Buscó cobijo en su camastro. Quería encontrar el calor que siempre le faltó en su vida. Pero no lo consiguió, nunca lo encontró; ni siquiera en la fantasía de un sueño. Se guareció entre mantas y cerró los ojos...</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Cuando el sol empezó a entrar en la habitación, Martín se levantaba. Parecía contento, decidido, ilusionado. Se vistió, cogió todo el dinero, un libro y algunas cosas personales. Hizo una especie de hatillo y se marchó rumbo a la ciudad. A las 10 de la mañana, desconcertado por el bullicio de la gente y los automóviles, llegó a su destino. Estaba cansado y tenía hambre. Entró en un bar, se sentó y esperó a que le atendieran. Miguel estaba encantado, la gente entraba y salía dándole los buenos días, el camarero entabló una pequeña conversación con él, parecía como si su integración en una sociedad desconocida no le resultara difícil. Terminó de desayunar, pagó y se marchó. Comenzó a andar, sin rumbo, por una ciudad que no le era hostil. Se quedó parado delante de un escaparate de ropa. Entró y se vistió con un traje impecable, metió sus pertenencias en una lujosa bolsa de papel y se deshizo del hatillo. Miguel parecía otro, estaba eufórico. La gente, a su paso, le saludaba sin conocerlo, y eso le agradaba enormemente. A l mediodía, se sentó en una terraza y se tomó su primera cerveza. Enfrente, una reunión de jóvenes de edad parecida a la suya, le miraban. Se levantaron y se dirigieron a la mesa de Miguel, lo saludaron y él les invitó a sentarse. La sintonía era extraordinaria o milagrosa. Iba por su tercera cerveza cuando sus acompañantes le invitaron a comer a un restaurant cercano. Él no se opuso. De camino, una de las muchachas componentes del grupo, le cogió de la mano. Notó su rudeza pero calló, siguió paseando alegremente y Miguel, quizás influenciado por los suaves efectos de le cerveza, le hizo a su joven desconocida, una especie de caricia en su mano. Miguel notó en su interior un sentimiento placentero y desconocido. Todo transcurría a la perfección. Probó comidas inimaginables, bebió vino, y reía. Una vez terminada la comida, a uno de ellos se le ocurrió visitar una sala de fiestas. Cuando entró en aquel local, sus ojos brillaron por la emoción. Al cabo de unas horas, el exceso y la falta de costumbre con el alcohol, le hizo tambalearse y cayó, sobre la misma joven que le cogió de la mano, que estaba sentada en un cómodo sillón de cuero. Ella le dijo que sería mejor marcharse. Y los dos salieron -a hurtadillas- de aquel local. Se dirigieron a un hotel y alquilaron una habitación. Miguel, a pesar de su estado, era plenamente consciente de todo. Ella se dirigió al aseo, llenó la bañera, desnudó a Miguel y lo metió dentro. Su primer baño. Hicieron el amor y después durmieron.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">A la mañana siguiente, Miguel se despertó sin compañía. ¿Habría sido todo un sueño? -se preguntó- Pero no, cuando entró al aseo, el baño aún estaba lleno y con restos de espuma. Junto a su ropa interior se encontraba la de una mujer. Y sonrió. Y se sintió feliz por primera vez. Se vistió, se marchó de allí y puso rumbo a su casa para recoger el resto de pertenencias. No quería perder la foto ni la carta de su madre.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">El camino de vuelta lo hizo con alegría, sabía que su destino no estaba en aquella casucha inmunda a la que su padre adoptivo le condenó. Buscaría trabajo, buscaría a aquella joven de la que desconocía su nombre, y emprendería un nuevo rumbo.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Después de horas de camino, por fin llegó a la casa. Abrió la puerta, miró a su interior, y su corazón se convulsionó. Su cuerpo, entre mantas roñosas, yacía sobre un colchón infesto dentro de un camastro destartalado. Miguel murió aquella noche de finales del mes de noviembre de 1981. Murió de pena, de tristeza, de soledad, de amargura. Su corazón se convirtió en su mejor amigo y aliado. Antes de estallarle y hacerse añicos dentro de su pecho, le regaló con un sueño... su gran sueño... el sueño de su vida...</span></p>
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El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/13/la-lectura-rechazadaLa lectura rechazada...2008-11-13T13:16:49+00:002008-11-19T13:45:59+00:00
<p class="large"><span class="font-georgia"><img class="imgizqda" src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/elpesodeloliviano/lector.gif" alt="" /></span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Después de una buena ducha, Daniel bajó a desayunar a la cafetería de la esquina. Se sentó, cogió un periódico, y a la vista de las noticias alentadoras de su portada, decidió dejarlo donde estaba. No estaba predispuesto a eso, no quería que nada ni nadie le avinagrara el día. El olor a café y bollería lo abstrajo al instante.</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">El día era precioso y Daniel tenía la necesidad de disfrutarlo. Se colocó frente a un paso de cebra y lo atravesó. Cuando iba por la mitad un coche lo atropelló y su conductor se dio a la fuga...</span></p>
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<p class="large"><span class="font-georgia">Momentos antes de que Daniel abandonara la cafetería, una mujer se sentó a su espalda. Cogió el periódico que Daniel se negó a leer y, entre un buen café y bollería recién sacada del horno, leyó en la portada del mismo una noticia curiosa que se refería precisamente al barrio dónde ella se encontraba: "Un conductor suicida utiliza los pasos de cebra para atropellar a peatones". Al terminar el desayuno se marchó a casa... cruzó tres pasos de cebra poniendo un celo especial... y no le ocurrió nada...</span></p>
El peso de lo livianohttp://s3.amazonaws.com/lcp/elpesodeloliviano/myfiles/el-peso-lo-liviano65x65.bmphttp://elpesodeloliviano.lacoctelera.net/post/2008/11/12/ensuenoEnsueño.2008-11-12T12:43:14+00:002008-11-14T18:34:56+00:00
<p><img class="imgizqda" src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/elpesodeloliviano/manos.jpg" alt="" width="246" height="309" /></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">Tenía 55 años. Casado y padre de 4 hijos. Había trabajado desde los 14 años en aquella maldita fábrica de envases metálicos. El aspecto de sus manos lo decían todo. Carecía de dedo índice en su mano izquierda y del meñique en la derecha. En la palma y dorso de ellas se apreciaban hendiduras profundas circulando en todas las direcciones. De todas las cicatrices, sin duda alguna, la que más dolor le produjo, fue la noticia de su despido. Sería inminente. De un día para otro. De nada sirvió su ruego a la dirección solicitando compasión. El director de recursos humanos era un joven tan indolente como ambicioso y necesitaba "rentabilizar recursos" a costa de la clase trabajadora. Para él, un trabajador de esa edad, era poco productivo... un mal negocio para la empresa. Su puesto lo ocuparía un chaval de 16 años, nada exigente, dócil y moldeable.</span></p>
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<p class="large"><span class="font-georgia">Llegó el día señalado. Con el finiquito en la mano, y su dignidad por los suelos, se dirigió a su domicilio. Se sentó, acomodó su cabeza entre sus brazos y se dejó caer sobre la mesa. Así pasó mucho tiempo. Cuando llegó su esposa, se le acercó silenciosamente, le acarició los cabellos y lo besó. Él agradeció el gesto, se levantó, la abrazó...y se dirigió a su cuarto... se tumbó en la cama... y comenzó a pensar.</span></p>
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<p class="large"><span class="font-georgia">Al día siguiente, reunió a toda la familia. Se sentaron en torno a la mesa del comedor mientras él se mantuvo en pie. Miró a su hija pequeña y le regaló una sonrisa que ella devolvió con una mirada tierna. Hizo lo mismo con sus otros tres hijos. Al llegar a su esposa la besó en la frente. Todos estaban ansiosos por conocer los motivos de aquella reunión. El hombre intentó calmarlos diciéndoles: ¡Esperar un momento! ¡Ahora vuelvo! ... y se dirigió a su habitación. Cuando regresó, todos quedaron estupefactos... incrédulos... temerosos. El hombre, sollozando profundamente, llevaba en su mano la escopeta de caza... apuntó a uno de sus hijos... y disparó; luego a otro, y a otro, y a su pequeña... finalmente a su querida esposa. Cinco disparos que sonaron a sentencia. Volvió a cargar la escopeta y apuntó directamente a su corazón... antes de dispararse... observó los cuerpos sin vida de toda su familia. La sangre corría por toda la estancia...</span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia"> </span></p>
<p class="large"><span class="font-georgia">... el joven despertó de su pesadilla empapado en sudor. Había vivido la ejecución tan intensamente que aún podía percibir el olor a pólvora. Llegó a la fábrica de envases metálicos, entró en su despacho y llamó al operario que debía despedir. Minutos después, "el elegido" estaba frente a él. Levantó la mirada y un escalofrío intenso recorrió su cuerpo. ¡No podía ser cierto! Aquel hombre era el protagonista de su pesadilla. Estrechó su mano y notó la ausencia del dedo meñique. El joven estaba confuso y aturdido. Su corazón latía aceleradamente pero sus palabras sonaron fuertes y serenas: la empresa ha reconsiderado su propuesta y Ud. seguirá en su puesto de trabajo... salude Ud. a su esposa y a sus cuatro hijos... </span></p>