Publicidad:
La Coctelera

El peso de lo liviano

2 Octubre 2008

El hombre sin sombra

Sentía la mirada invisible de ella posada en mi nuca. Miré hacia atrás...no encontré nada ni a nadie; apenas mi propia sombra dibujada sobre una inmensa pared repleta de grafitis alegóricamente religiosos.

Seguí caminando. No tenía prisa pero mi paso se aceleraba con la misma intensidad que lo hacía mi corazón. No entendía nada. Una fina lluvia comenzó a caer. Miré de reojo hacia la pared y observé que desde uno de los grafitis partía mi propia sombra, con rapidez y huyendo en sentido contrario. Me quedé estupefacto. Mi cuerpo se convulsionó mezcla de terror e incomprensión.

Me sentía un hombre débil, sin sombra y con el recuerdo amargo ¿de la pérdida del ser amado? Respiré profundamente y desanduve el camino iniciado. No sabía dónde me dirigía ni por qué motivo tomé tal decisión.

Busqué en el interior de mi chaqueta la cajetilla de tabaco que siempre me acompañaba; fue inútil. Estaba completamente desnudo. El golpe emocional fue impactante. ¿Desnudo? ¿Qué hago caminando desnudo por un camino oscuro que desconozco? Noté como la fina lluvia iba convirtiendo sus pequeñas gotas en un torrente de agua corriendo por mi rostro. Me limpié la cara con mis propias manos y pude ver como el agua cristalina se tornaba en un color rojo intenso. Era sangre –pensé- o eso, o me estoy volviendo completamente loco.

Intenté poner en orden mis ideas, estaba condenado a hacerlo y la ocasión así lo requería. En ello estaba cuando me topé con una enorme reja de hierro que me impedía el paso. Miré entre la tenebrosa oscuridad existente y me pareció divisar una pequeña luz, tenue y casi imperceptible, al otro lado de la reja. La luz parecía reclamar mi atención y decidí acudir a su encuentro. Trepé entre los hierros labrados y retorcidos de la puerta y en uno de los movimientos mi pie quedó atrapado entre ellos. Tiré con fuerza y noté el desgarro de mi pierna con el talón. Mi pie quedó anclado entre los hierros y mi pierna quedó libre. No sentí dolor…ningún dolor…sentía el placer de la liberación. Me arrojé desde lo más alto hacia el suelo y mi cuerpo impactó sobre una base blanda y caí rodando por una especie de sendero arenoso.

El movimiento se detuvo justo delante de la luz. Con precisa claridad descubrí la escritura pétrea de un texto: “Aquí yace el cuerpo sin vida del asesino de una mujer indefensa”. Sobre un costado, la fotografía del asesino. Estaba reconociéndome en ella, cuando noté que la tierra me estaba absorbiendo…al instante, mi cuerpo desapareció… y las tinieblas hicieron el resto.

servido por Manuel 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

esperandote

esperandote dijo

Tus textos siempre me hacen pensar y me dejan en una nube de nostalgia, emoción, sentimiento e incognita maravillosamente ¡¡maravillosa!!

Bonito relato y de candente actualidad.

Sigo poniendome al día con tu blog,

hasta ahora!!!

4 Octubre 2008 | 01:46 PM

Manuel

Manuel dijo

Pido disculpas por la tardanza en mostrarte mi agradecimiento.

Solo espero que los siguientes relatos que leas no te defrauden.

Un beso.

17 Octubre 2008 | 12:28 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Manuel

El peso de lo liviano

Puente Genil, España
ver perfil »
contacto »

classificados

 El peso de lo liviano

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Fotos

Manuel todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera