Noté un bulto considerable en el bolsillo trasero de mis jeans. Era mi cartera y necesitaba un buen espulgo. Dos billetes de 50 €, unas cuantas fotos de la familia, montones de recibos de cajeros automáticos anunciándome un saldo ridículo, numerosas tarjetas de crédito que son las culpables de mi endeudamiento, tarjetas de restaurants, de clubs a los que nunca asisto, de academias a las que ni me asomo, de gimnasios que me producen agujetas sin visitarlos... y un boleto de la primitiva caducado.

Hago trizas un buen número de papeles absurdos pero me paro en aquél boleto caducado. Antes de romperlo me pregunto ¿me habría tocado algo? ... y la curiosidad me llevó al Google. Solicito la página adecuada y compruebo aquellos números indelebles ya en mi memoria. Acierto con el primero, con el segundo, con el tercero, con el cuarto, con el quinto....fallo en el sexto pero coincide con el complementario. ¡Coño! ¿Cinco más el complementario? Premio a percibir: 658.089 euros (casi 110 millones de las antiguas pesetas) Me dio un pasmo. Pegué un brinco de la silla y un alarido de dolor que se escuchó en cinco manzanas. Conociendo mi torpeza, vuelvo a comprobarlo con la ilusión de haber podido cometer un error... ¡Una mierda pa mí! No sabía si llorar o darme un buen par de hostias.... Pero al final opté por marcharme de allí, dar un paseo que me relajara y después me iría a casa.

Eran las doce del mediodía, una hora poco común para llegar a mi domicilio. Pero me decido y me preparo para aguantar el merecido chaparrón conyugal. Abro con suma cautela, dejo las llaves en la mesita de la entrada, y sin mediar ni una palabra me dedico a buscar a mi esposa. No está en la cocina, ni en el salón, ni en el comedor, ni en el servicio... ¡Habrá salido! -pensé- Con andar apesadumbrado me dirijo al dormitorio a cambiar mi ropa por otra más cómoda. Abro y allí estaba mi esposa, en la cama, pegando alaridos de placer en compañía del vecino del quinto. Di gracias a Dios por ser un enemigo de las armas de fuego y no tener una a mi disposición, no para usarla contra ellos, que después de lo bien que se lo estaban pasando, no iba a cometer la indelicadeza de privarle de ese sentimiento placentero, sino para usarla contra mí. Yo si me lo merecía. Mi mujer saltó de la cama en pelota picada y me dice: "No es lo que estás pensando..." al momento, el vecinito del quinto, mostrándome un pollón descomunal, dice: "Es verdad, no piense mal... nosotros no estábamos haciendo lo que Ud. está pensando..." Cerré la puerta y me marché de allí, entre otras cosas, porque me estaban entrando unas ganas enormes de.... unirme a su fiesta sexual.

Deambulé durante largo tiempo por aquella maldita ciudad que no supo avisarme a tiempo de mi premio de lotería ni del enorme pene del vecinito del quinto. ¡Qué podía hacer! ¡Tendría que culpar a alguien! Y qué mejor que culpar a una ciudad aunque no tenga culpa de nada. ¿No suele ser así? ¿No suelen pagar los demás nuestras meteduras de pata? Seguía cabizbajo, con pensamientos absurdos sobre la vida y la muerte, y no me di cuenta de aquél enorme poste de publicidad. Crac... los huesos de mi nariz rotos al arbitrio de la propaganda de Chanel.

Con mi nariz como un pimiento morrón, me encuentro tumbado en la camilla de una clínica privada que estaba a pocos metros de mi incidente con el poste de Chanel. Empiezan a pincharme por todos lados. Veo como me dejan abierta una vía para colocarme un bote de suero ¿Qué me van a hacer esta gente? ¿No será una autopsia en vida? Porque estoy vivo ¿verdad? Y me pellizco un brazo. Y sí, afortunadamente estoy vivo aunque con un dolor espantoso en mi nariz y en el brazo. Me llevan a la sala de quirófanos... y entonces creo que me cagué... o eso, o se me escapó un cuesco oloroso que no pasó desapercibido por nadie que tuviera la nariz en mejores condiciones que la mía. Al cabo de dos horas...

...pues al cabo de dos horas, era dos horas más tarde, porque yo aún estaba tumbado en la camilla pendiente de que aquellas eminencias sanitarias me metieran mano; dicho esto, en el peor de los sentidos. ¡Por fin! -pensé mientras me introducían en quirófano- ¡Pobre iluso! ¡La que te espera! Y efectivamente, me esperaba hora y media de dolor incontenible. Y no lloré porque ya llevaba llorando un buen rato. Hasta que todo terminó. Me trajeron un espejo donde mirarme, pero la imagen que se reflejó no era la mía, aquel espejo debía tener una foto pegada de un malísimo boxeador en una de sus peores noches. Pero no, era yo, entre otras cosas, porque ordené a mi cerebro que llevara mi mano derecha hacia la nariz y así lo hizo. Y era mi mano, sin duda, porque también reconocí mi anillo de bodas. Y entonces me acordé de mi mujer en bolas en el dormitorio y de la imagen del vecinito del quinto con aquel badajo de campanario de kilo y medio orgullosamente erguido. ¡Hasta las venas se le notaba a aquella cosa tremenda! Me recordó el pescuezo de un cantaor flamenco cantando una petenera. Y me reí, sin saber muy bien por qué, pero me reí.

Eran las 5 de la tarde cuando el médico cirujano me dio el alta médica. Abandoné la sillita de Ironside y me dirigí hacia la salida. Una enfermera me informó que tenía que pasar por recepción y firmar unos documentos. ¿Unos documentos? ¡Y un cipote como el del vecino! Era la factura por los servicios quirúrgicos recibidos. Me voy al final de la misma y compruebo el total....1.350 €uros (IVA incluido) ¡Menos mal que el IVA está incluido! ¡Qué si no! Perdone un momento -dije- ¿Pero esto no lo paga la Seguridad Social? Posiblemente -me respondió aquel iceberg de mujer- Yo le daré la factura, si Ud. tiene la suerte de cobrársela a la Seguridad Social, será una persona afortunada, es más, le aconsejaría que jugara un boleto de la primitiva. La miré y me entraron ganas de dejarle la nariz como la mía....pero antes de que me la arreglaran. Pero como no soy violento, que lo que soy es un completo desgraciado, dejé el agua correr, saqué mi novísima tarjeta oro del Banco de Botín, y la estrené con una nueva deuda. Después me fui, escapando como apestado, de aquel lugar.

¿Quieren saber el final de mi historia? De acuerdo, pero mando aviso a navegantes, que después no quiero quejas... jajaja. Me fui a casa, mi mujer (ya vestida) me recibió asustada por dos motivos: por mi reacción y por mi aspecto. Puse sobre la mesa un bote de Chanel nº 5 para alejar cualquier tipo de dudas. Le conté con detalles toda mi odisea de vendas y Betadine pero le rogué que -de momento- ella no hiciera lo mismo. Me senté frente a ella y empecé a detallar todos nuestros proyectos incumplidos por falta de liquidez económica. ¿Sabes? -dije- Todo lo hubiéramos podido cumplir, pero al imbécil de tu marido se le olvidó mirar el boleto de la primitiva. Hemos perdido 110 millones de pesetas. Lo siento mucho cariño. Ella se levantó, y me dice: Es verdad que eres un imbécil, pero eres mi imbécil preferido. Lo del vecino del quinto -prosiguió- no debe preocuparte, te quiero a ti, y nada más que a ti. Me ha propuesto un encuentro sexual contigo. ¿Te apetece? Perdona -la interrumpí- ¿un encuentro sexual conmigo? ¿Y qué hago yo con ese pedazo de plátano cariño? Bueno, -dice ella- su esposa también estaría dispuesta a formar parte del espectáculo, una especie de cuadrangular sexual. Yo callé....pero el que calla ¿no otorga?

Días después nos deshacíamos de nuestra cama de matrimonio y la sustituimos por otra de doble ancho. Esa noche sería el estreno del novedoso colchón de látex del "Grupo Lo Mónaco" y colocamos velitas por todos los laterales del dormitorio. Estábamos expectantes pero deseábamos hacerlo en penumbras. El timbre de la puerta sonó. Mi esposa abrió y al momento estábamos los cuatro en el salón tomándonos una copa de nuestro mejor Ribera del Duero, un Pesquera Millenium Magnum de 1996. Una musiquita adecuada y unos incipientes efluvios alcohólicos y sensuales fueron el comienzo de una gran amistad...amistad que aún perdura, eso sí, tarde una semana en poder sentarme como mandan los cánones.