Ensueño.

Tenía 55 años. Casado y padre de 4 hijos. Había trabajado desde los 14 años en aquella maldita fábrica de envases metálicos. El aspecto de sus manos lo decían todo. Carecía de dedo índice en su mano izquierda y del meñique en la derecha. En la palma y dorso de ellas se apreciaban hendiduras profundas circulando en todas las direcciones. De todas las cicatrices, sin duda alguna, la que más dolor le produjo, fue la noticia de su despido. Sería inminente. De un día para otro. De nada sirvió su ruego a la dirección solicitando compasión. El director de recursos humanos era un joven tan indolente como ambicioso y necesitaba "rentabilizar recursos" a costa de la clase trabajadora. Para él, un trabajador de esa edad, era poco productivo... un mal negocio para la empresa. Su puesto lo ocuparía un chaval de 16 años, nada exigente, dócil y moldeable.
Llegó el día señalado. Con el finiquito en la mano, y su dignidad por los suelos, se dirigió a su domicilio. Se sentó, acomodó su cabeza entre sus brazos y se dejó caer sobre la mesa. Así pasó mucho tiempo. Cuando llegó su esposa, se le acercó silenciosamente, le acarició los cabellos y lo besó. Él agradeció el gesto, se levantó, la abrazó...y se dirigió a su cuarto... se tumbó en la cama... y comenzó a pensar.
Al día siguiente, reunió a toda la familia. Se sentaron en torno a la mesa del comedor mientras él se mantuvo en pie. Miró a su hija pequeña y le regaló una sonrisa que ella devolvió con una mirada tierna. Hizo lo mismo con sus otros tres hijos. Al llegar a su esposa la besó en la frente. Todos estaban ansiosos por conocer los motivos de aquella reunión. El hombre intentó calmarlos diciéndoles: ¡Esperar un momento! ¡Ahora vuelvo! ... y se dirigió a su habitación. Cuando regresó, todos quedaron estupefactos... incrédulos... temerosos. El hombre, sollozando profundamente, llevaba en su mano la escopeta de caza... apuntó a uno de sus hijos... y disparó; luego a otro, y a otro, y a su pequeña... finalmente a su querida esposa. Cinco disparos que sonaron a sentencia. Volvió a cargar la escopeta y apuntó directamente a su corazón... antes de dispararse... observó los cuerpos sin vida de toda su familia. La sangre corría por toda la estancia...
... el joven despertó de su pesadilla empapado en sudor. Había vivido la ejecución tan intensamente que aún podía percibir el olor a pólvora. Llegó a la fábrica de envases metálicos, entró en su despacho y llamó al operario que debía despedir. Minutos después, "el elegido" estaba frente a él. Levantó la mirada y un escalofrío intenso recorrió su cuerpo. ¡No podía ser cierto! Aquel hombre era el protagonista de su pesadilla. Estrechó su mano y notó la ausencia del dedo meñique. El joven estaba confuso y aturdido. Su corazón latía aceleradamente pero sus palabras sonaron fuertes y serenas: la empresa ha reconsiderado su propuesta y Ud. seguirá en su puesto de trabajo... salude Ud. a su esposa y a sus cuatro hijos...




arwen7 dijo
Te acabo de dejar el comentario en lda, lo traigo aqui.
Cielos, por momentos pense...., pero como siempre nos tienes preparado un final sorprendente....
Aprovechando el tema, ojala todos los "jefes", tuvieran ese tipo de sueños cuando firman las cartas de despido...
Manuel, un placer leerte.
12 Noviembre 2008 | 04:49 PM