Con irreverencia…

Lo sé. No hay salario que finiquite mi iniquidad para con la Iglesia actual. Y me quedo más ancho que largo. Y quién se pica… ajos come. Pero lo siento, no puedo con esta feria en la que han convertido el culto a Dios. Pido perdón –no obstante- a todos y cada una de las personas a las que ofenda. Y por si acaso, como soy algo supersticioso, rezaré dos padrenuestros y tres avemarías…. por lo que pueda pasar. Amén.
…ese niño nunca debió nacer. Nació herido y sin posibilidades para vivir una vida normal. Sus padres, católicos, apostólicos y romanos lo bautizaron con el nombre de Jesús. Pero ellos eran cristianos… no tontos. Sabían que los milagros se agotaron en los tiempos en que el de Nazaret iba de pueblo en pueblo, alardeando de poderío, recomponiendo maquinarias defectuosas. Este hombre nació por obra y gracia del espíritu santo (que supongo sería algún método de concepción de la época), tenía por padres ¿carnales? a José El Carpintero y la Virgen María. Pero el jefe de todo el cotarro era su padre espiritual, que no era precisamente un cura sino el que por aquél entonces estaba en los cielos santificando su nombre. El mismo al que le salió el tiro por la culata con el experimento de la manzana y la serpiente. Los actores de aquella triste y rocambolesca historia fueron Adán y Eva, unos casquivanos en el fondo. Dicen que del costillar del primero nació el cuerpo despampanante de Eva, pero ¿Y él? ¿Cómo nació?; bueno, eso sería otra historia, difícil de contarla y mucho peor para entenderla. A lo que voy. ¡Qué cada palo aguante su vela! Por lo tanto, que reconozca su error y su fracaso… y si el resto de personas, creadas a su imagen y semejanza, nos quedamos sin paraíso terrenal solo fue por su culpa... por su gran culpa… por su grandísima culpa.
A los padres de Jesús, en la revisión médica del tercer mes de gestación, les comunicaron que el suyo sería un embarazo de riesgo, que había motivos y razones suficientes para pensar que el feto sufría alteraciones físicas y patológicas graves. Y le aconsejaron el aborto. Pero hicieron oídos sordos. ¡Por Dios! ¡Ellos eran católicos! Y aceptaron el regalo envenenado que Dios le enviaba. Y nació, y cuando lo hizo, todos murieron con él. Sus padres (eso sí… las cosas como son) se dedicaron a él con total devoción… pero claro, no cayeron en un pequeño detalle… que ellos no serían eternos… ¿Mosquisss?
… muchísimos años atrás, allá por Galilea o Judea (qué más da), el Hijo de Dios daba muestras de ser un digno hijo de su padre; ¿prepotente y vanidoso?. Después… por las juntas. ¡Tenía trasteo el niño! ¿Qué me dicen de los amigotes que tenía Jesús de Nazaret? Que en cualquier pueblo de los actuales les aplicarían la ley de vagos y maleantes. ¿Verdad? Él, cuando salía de la morada de María Magdalena, en lugar de irse a su casa como haría cualquier buen hijo de vecino, buscaba a los suyos para seguir impresionándolos. Un día, harto de ir convirtiendo el agua en vino, o de ir resucitando muertos que ya habían tenido su oportunidad en la vida, o mismamente, salvar de la lepra a la madre y a la hermana de Ben-Hur… permitió que uno de los suyos hiciera fortuna a su costa. Y se dejó entregar a las autoridades. Mal asunto, pensaron todos. Bueno, todos no, excepto Judas, que gracias a los dracmas recibidos por su traición, andaba planeando unas vacaciones en Marina D’or. ¡Pero coño! qué lo que hizo Judas, hoy en día, lo estaría juzgando Garzón en la Audiencia Nacional. Al de Nazaret lo putearon de lo lindo, eso es cierto, pero al final, las masas desbordadas y los juicios paralelos que ya estaban en auge, se salieron con la suya; lo crucificaron entre dos ladrones de pacotilla… y murió… después, se lió un tormentazo de cojones en el monte Gólgota. Al final, a los tres días, va y resucita el tío… con poderío…
… el mismo día que Jesús cumplió los 14 años murió su padre. ¡Una faena! Pero su madre, pobre y enferma, supo descargar responsabilidades. Pero no acudió a la Conferencia Episcopal, ni al Vaticano, ni a ninguna otra institución católica por haber seguido fiel y devotamente sus consejos ¡NO! … su solución la tenía en casa, sacrificaría a su otro hijo. El hermano de Jesús se llamaba Tomás (lo siento chico, ¡te ha tocado!), tenía 33 años, la edad de Cristo… ¡toma ya! Tomás era un ateo de toma pan y moja, soltero y onanista confeso, y tuvo que pagar las consecuencias religiosas de sus padres.
Algunos pensaran que este relato histriónico no tiene sentido. No les faltará razón. Igual me pasó a mí cuando leí “Las Sagradas Escrituras”.




arwen7 dijo
Ay Dios....que ensalada has preparado.....supongo que ya has visto los adornos y lucecitas en las calles , los supermercados a rebosar de regalos dulces y demas, preparemonos para este tiempo de hipocresia y vanidad, que por suerte pasara como todos los años...
Dios (o el que sea) nos coja confesados( o mejor con la cartera llena)
AMENNNNNNNNNN
20 Noviembre 2008 | 10:57 AM