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La Coctelera

El peso de lo liviano

La soledad es un silencio repleto de palabras.

21 Noviembre 2008

Una indisposición prevista.

Los hechos ocurrieron a una velocidad vertiginosa. Una mañana, el abuelo de Raúl se sintió indispuesto, lo llevaron al hospital más cercano y en el camino murió. Todas las muertes son dolorosas, incluso, las más previsibles, como ocurre en este caso. El pobre hombre arrastraba, como mejor podía, la friolera de 98 años y su viuda –con una salud de hierro- rondaba los 90. Uno de sus hijos, en concreto, el padre de Raúl, se encargó de todo el papeleo legal, encargó la misa de difuntos correspondiente y preparó el tanatorio municipal para darle al abuelo el último adiós.

Dada las características del difunto los familiares solicitaron a las autoridades sanitarias y a las eclesiásticas que dieran conformidad para que el hombre pudiera ser enterrado antes de las 24 horas que prescribe la ley. Pero no fue posible, se negaron. Así que, el coche mortuorio trasladaría el féretro desde el hospital al tanatorio y al día siguiente –a eso de las 12 de la mañana- lo enterrarían en el Cementerio Municipal.

La abuela quiso reunir a todos los familiares y celebrar un almuerzo en compañía de todos ellos. Nadie excusó su ausencia y sobre las 2 de la tarde, comenzaron a ponerse los primeros platos sobre una elegante mesa. Todos coincidían en el extraordinario apetito de la abuela, comía como una lima, y llevaba escanciado su tercer vaso de vino tinto. Después vendrían los postres y la buena señora tampoco se abstuvo. Antes de tomar el café, se sirvieron unos chupitos de orujo de hierbas para ayudar a hacer la digestión. Todos estábamos pendientes de la abuela, pero antes de que nos diéramos cuenta, tenía el chupito en sus labios. ¡Coño con la abuela! –dijo el padre de Raúl- … y todos rieron.

Querían llegar lo más pronto posible al tanatorio. La abuela se levantó de la silla, se dirigió a la cocina, cogió una vaso de agua y vertió la taza de café (imaginamos que para enfriarlo)… después desapareció. O eso creyeron ellos. La señora se escondía de miradas indiscretas, cogió una botella de coñac y se sirvió una generosa ración dentro del café.

Llegaron al tanatorio sobre las 19 horas. La noche sería muy larga y la abuela de Raúl se empeñó en realizar todo el velatorio completo. Al cabo de un par de horas, allí no cabía un alfiler. Era el mes de Enero. En el exterior hacía frío. Sin embargo, en el tanatorio, se podía estar perfectamente en bañador. Entre el calor, los olores corporales y los alientos aguardentosos… allí no había quien aguantara. La abuela estaba sentada al lado de un gran ventanal donde podía ver a su marido de cuerpo presente. ¡Qué guapo que estaba! –dijo entre dientes- Raúl se acercó a besar a su abuela, y al inclinarse, un olor fétido llegó a sus fosas nasales. ¡Hostias abuela! ¿Te has peído? ¡Yooo… que va! … y Raúl salió huyendo. Avisó a su padre del tremendo olor que había percibido, y él, como buen hijo, fue para averiguar el motivo… pero no pudo llegar… el olor, a tres metros de distancia, se hacía insoportable… habían cloacas con mejor olor… mientras tanto, el resto de familiares e invitados se replegaban hacia la puerta de salida. Pero no había escapatoria... estaban atrapados por una gran bomba de peste. O te tragabas aquél olor a mierda podrida o te congelabas en la calle. Mientras tanto, la abuela seguía con su cara pegada al cristal, mirando a su difunto marido. Quiso incorporarse de aquel mullido sillón dónde se encontraba, y al hacerlo, el olor se hizo insufrible… inaguantable… una orquesta de arcadas secas se escuchaba por todos lados. El aire acondicionado no colaboraba demasiado, se dedicaba a remover continuamente ese olor fétido… repugnante…

La peste se concentró tanto y durante tanto tiempo, que el exterior del tanatorio se llenó de gente ansiosa por escapar de aquel suplicio. Fue curioso ver como fumadores y ex fumadores casi se rozaban las caras. Era preferible el olor a tabaco y soportar el humo en tu cara que aquella hediondez que había salido por el culo de la abuela.

Ni que decir tiene que la noche se hizo eterna. Cuando amaneció, la abuela mandó a uno de sus nietos a por un papelón de churros. ¡Qué estómago el de la abuela! Pues bien, se comió solo media docena excusándose que ella, de buena mañana, nunca tenía apetito. ¡Pues menos mal! Entre el café migado con churros, una copita de coñac y un cucharada de bicarbonato se le pasó la mañana. Se fue a casa a arreglarse entre eructos y pedos silenciosos.

La misa se celebraba en medio de estornudos y alguna que otra risotada, sorda, pero perceptible por la mayoría de concurrentes. El cura rogó silencio y respeto en tres ocasiones. Un agradable olor a incienso inundaba la capilla. Llegó la hora de comulgar, y su posterior silencio, fue roto por una especie de ametralladora que lanzaba petardos, desde el mismísimo culo de la abuela… pedos por doquier. Nadie escuchó nunca tanto ruido consecutivo, ni siquiera en noche vieja. Pero lo espectacular aun estaba por llegar. La traca final. Un pedo sonoro que resquebrajó hasta la cal de la pared dejó paso a una riada de mierda que salía por las enaguas de la pobre mujer. Un río espeso y marrón corrió a través del banco dónde ella estaba sentada. Los presentes huían como podían, el cura no sabía qué hacer. En un intento de entrarse para la sacristía, tropezó, con tan mala suerte que lo hizo contra uno de los soportes dónde estaba alojado el féretro… éste cayó de canto al suelo… la puerta cedió al contacto con el suelo… y el pobre abuelo dio dos vueltas y media en medio de unos parroquianos que huían en bandada… el resto del entierro… que cada cual se lo imagine como le venga en ganas…

servido por Manuel 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Tere

Tere dijo

jajajajaja... para mearse de la risa.

lo he leido 3 veces y cada vez me parece mas divertido.

besitosss

23 Noviembre 2008 | 12:36 PM

esperandote

esperandote dijo

Buahhhhhhh!!!! ni el mismísimo Quevedo!!! jajajaja, madre mia, un poquito de pomada en el ojete pa esa abuela!!! escocía acabaría!!

Saludos amigo, gracias por esta lectura tan amena y disparatada.

23 Noviembre 2008 | 08:20 PM

arwen7

arwen7 dijo

Dios mio..... una pregunta.....¿les acompaño alguien a enterrarle??? jajjaaaa

23 Noviembre 2008 | 08:22 PM

arwen7

arwen7 dijo

Lo olvide, buen comienzo de semana.

Un abrazo.

23 Noviembre 2008 | 08:23 PM

Lucas

Lucas dijo

De las textos mas divertidos e ingeniosos que he leido ultimamente. Te felicito por ello.

Un abrazo de uno que no estuvo en ese velatorio pero que hubiera pagado solo por verlo.

23 Noviembre 2008 | 09:33 PM

Manuel

Manuel dijo

A todos:

Agradezco enormemente vuestros comentarios.

En relación a "esperandote" decirle que ni con pomada se arreglaba el "ojete" de la pobre abuela. jajajajaja

A todos, mis mejores deseos.

25 Noviembre 2008 | 04:12 PM

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